Entre las palabras que ayudan a comprender Borgoña, sin duda una de ellas es fidelidad. Fidelidad a los antepasados, a la tradición y a la herencia. Fidelidad, por encima de todo, a las características de cada viñedo, es decir, al terroir, otra de esas palabras que encierran toda la complejidad borgoñona.
Fidelidad, también, como sinónimo de familia. Son muchas, de hecho, las que, desde hace algunos siglos, siguen consistiendo en un simple cambio generacional, en un de padres a hijos que, en el caso de una bodega como Jean Grivot, ha tenido un capítulo importante en años recientes. Nos referimos a la transmisión de poderes que se ha producido de Etienne Grivot a su hija, Mathilde.
Pero, por lo demás, los Grivot siguen leales a sus fundamentos. Ubicada en el pueblo de Vosne-Ronamée, en la calle de la Croix Rameau (nombre, por cierto, de un primer cru vecino de Romanée-Saint Vivant), la bodega tiene en sus posesiones de Vosne y Nuits-Saint-Georges sus tesoros.
En Vosne, por ejemplo, con el Echezeaux, el reputado grand cru del pueblo. Y en Nuits, con viñedos como Pruliers, Roncieres o Aux Boudots. Estos últimos tienen un valor especial porque, estilísticamente, se sitúan muy lejos de los Nuits aguerridos y de taninos poderosos que necesitan mucho tiempo para alcanzar un nivel de madurez aceptable para ser disfrutados como merecen.
El caso de Boudots deja claro el porqué de este estilo mucho más bebible y elegante desde que el vino llega al mercado. Aunque situado en los límites del pueblo de Nuits, Boudots supone una continuación de los reputados viñedos de Malconsort, de Vosne. La parte correspondiente a la familia consiste en 0.84 hectáreas. cuyas cepas dan un vino que, en efecto, tiene alma clara de Vosne, aunque, por supuesto, se comercializa como Nuits. Fino y lleno de misterio en nariz, su boca despliega un tejido tánico sutil en su perfección que se prolonga en un final muy largo.
Estos atributos (búsqueda de equilibrio, textura elegante, autenticidad) se disfrutan igualmente en el AOC Bourgogne de la familia, la entrada de gama, así como en el prohibitivo Clos de Vougeot, el famosísimo pago en el que los Grivot lograron entrar a pesar de la dura competencia que hay para ello. Su Vougeot es un tinto amplio que muestra hasta dónde puede llegar la Pinot Noir en territorios propicios para la densidad y la solidez estructural. Eso sí, siempre en una línea de armonía manifiesta. Lo que la nueva elaboradora sabe, Mathilde Grivot, es que no puede olvidar lo que han venido haciendo sus antepasados.
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