Más pendientes de la cantidad que de la excelencia, los Ródanos tintos y blancos no brillaban precisamente por su buen hacer. El cuidado del viñedo (cómo si no) y la inversión en enología (barricas renovadas, control de temperatura en fermentaciones) han convertido a Ródano en un lugar perfecto para encontrar vinos extraordinarios, aunque no tan mediáticos. Es el caso de Domaine de la Charbonnière en Ródano Sur.
Hablamos de un domaine histórico cuya edad sobrepasa el centenar de años (nació en 1912). Fruto de sucesivas herencias bien gestionadas, la familia Maret atesora propiedades vitícolas que constituyen, por sí mismas, un estupendo resumen de lo mejor del Ródano más mediterráneo. Dos hectáreas en la denominación Côtes-du-Rhone, seis hectáreas en Vacqueyras y 19 en Châteauneuf-du-Pape componen el viñedo que ya gestiona la cuarta generación de los Maret.
De ahí salen vinos que son fieles expresiones de su terruño. Facilísimo de beber y adictivo el Côtes-du-Rhone, uno de esos tintos que figura entre los más competitivos de nuestra colección por precio y calidad. Fruta de textura delicadísima: manda la Garnacha. Sigue la misma línea el Vacqueyras. Conviene recordar que este pueblo fue el primero en reivindicar su derecho a constituir una denominación propia, y que la obtuvo hace muchas décadas. El Vacqueyras de Charbonnière es un tinto, además, que se permite cierta largura y profundidad, pero sin confundirse con el estilo de la denominación vecina, los afamados «vinos de los papas».
Merece, de hecho, el Chateauneuf-du-Pape un comentario aparte. Lejos quedan los tiempos en los que estos tintos salían al mercado cargados de madera, saturados de alcohol y, en general, muy pesados. Sin perder esencia, los nuevos estilos de este territorio al sur de Aviñón ganan en fluidez y resultan, si acaso, más largos de boca. Tanto el Chateauneuf a secas como el Viñas Viejas responden bien a estos rasgos. Vinos, en cualquier caso, netamente mediterráneos que abundan en aromas de monte bajo y frutas frescas y maduras y donde la crianza cumple un papel de sostén y refuerzo pero sin dejar aromas o gustos innecesarios. Tintos puro placer.