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Nicolas Rossignol
El apellido Rossignol suele marear a los estudiosos de la Borgoña. Hay tantos «Rossignol» y tantos vinos vinculados a este nombre que resulta casi una proeza ordenarse en este particular árbol genealógico. Particularmente en el pueblo de Volnay, el ejercicio puede estar condenado al fracaso. En el caso concreto del Domaine que nos ocupa, cabe decir que la repercusión mediática adquirida por su director técnico, Nicolas Rossignol, aclara un poco las cosas. Ligado familiarmente a los Rossignol-Jeanniard, cuyas riendas dirige desde 1994, Nicolas se aventuró con su propio Domaine en 1997. Esta doble responsabilidad lo ha convertido en uno de los elaboradores más brillantes de los últimos años en Borgoña.
Domaine Nicolas Rossignol se inició con 3 hectáreas. Actualmente, consta de 17. Por supuesto, los pueblos de Volnay y Pommard soportan parte de lo más valioso del Domaine, aunque otros pueblos se han contagiado de la alta exigencia cualitativa que Nicolas pone en todo lo que hace. Viñedos de Beaune, Aloxe Corton, Pernand-Vergelesses, incluso Savigny-les-Beaune, son buenos ejemplos de ello.
El volumen del Domaine y la precisión con la que Rossignol trabaja a la hora de definir cada uno de sus viñedos lo llevaron a inaugurar una nave de elaboración en Beaune con capacidad y recursos para hacer tantos vinos y tan buenos. Todo este despliegue obedece, precisamente, a extraer la personalidad precisa y distinguida de cada parcela trabajando el viñedo de la forma más natural posible (aunque sin perder la cabeza) y poniendo en práctica técnicas enológicas acordes con esta obsesión que viene definiendo el panorama de los mejores vinos de Borgoña, tanto blancos como tintos.
Los vinos de Nicolas Rossignol dejan recuerdo. Lo hacen cuando salen de pagos que en su momento no obtuvieron la clasificación de 1er. cru, como su excepcional Les Noizons en Pommard, y también en denominaciones genéricas (su AOC Bourgogne figura entre nuestros preferidos). En el rango 1er. cru, los matices aromáticos y gustativos suben a cotas de complejidad altísima. Ahí están la personalidad de Clos de Angles y de Chevret en Volnay, o la carnosa textura de los taninos de un tinto delicioso como Charmots en Pommard.